Ritmos frenéticos: entre las expectativas externas y el sentir interno, ¿quién está al volante?
La vida va muy rápido, y en medio de su aceleración, a menudo nos encontramos sintiendo que estamos un paso por detrás de los demás, que no llegamos o que llegamos tarde a las cosas. En este mundo globalizado y digitalizado, dónde las actualizaciones tecnológicas van muy deprisa y parece que nuestras vidas también. Estamos constantemente “bombardeados” por estímulos externos y la continua comparación con imágenes virtuales de lo que proyectan las redes sociales, nos hace sentir pequeños o que no tenemos nada que ofrecer al mundo de valor, además de la desconexión de nuestro mundo interno, de nuestro sentir. Hay un desfase entre el mundo externo – las expectativas que la sociedad pone en el individuo, o lo que el individuo interpreta que se espera de él- y el mundo interno – lo que de verdad deseamos, lo que sentimos…y, el riesgo es ignorar nuestra voz interna.
Si a todo esto, le añadimos la dificultad de conciliar la vida laboral con la personal, el famoso work-life balance del que tanto se habla, pero que pocas personas tienen la posibilidad de poder tener un buen equilibrio en sus vidas.
¿Pero qué perseguimos realmente?
Conseguir una remuneración digna, un trabajo mejor que el anterior, con horario flexible, dónde podamos compatibilizarlo con el cuidado de familiares o, simplemente, dedicarlo a estudiar o aprender cosas nuevas, a nuestros hobbies, a compartir momentos con nuestras personas queridas… intentamos salir del modo “supervivencia”.
Vivimos en un mundo en el que el ritmo es vertiginoso, y muchas veces es difícil estar al paso. En estos casos, algunas prácticas nos pueden ser muy útiles, como simplemente detenerse y poder mirar hacia dentro, buscar un espacio (físico o mental) dónde poder escucharse y reflexionar. Con tanto “bombardeo”, el riesgo es que persigamos objetivos, estilos de vida, decisiones o modos de relacionarse que no nos pertenecen, sino que son de otros. ¿Te ha pasado alguna vez que has luchado mucho por conseguir algo y cuando lo obtuviste seguías teniendo la misma sensación de vacío? Compramos y seguimos impulsos que nacen fuera de nosotros.
Hoy vivimos rodeados de demasiados estímulos externos, y esto nos hace perder el contacto con nuestro impulso o hilo interno. Todo esto influye en cómo nos sentimos respecto a nuestra vida, y a veces nos resulta difícil sostenerla, sentirnos realizados o, incluso, simplemente no sentirnos apagados.
Sensación de insuficiencia, de no estar a la altura
Las presiones sociales y culturales también juegan un papel crucial en este desgaste. Los prejuicios presentes hacia jóvenes, mujeres, etnias diferentes, nos hacen perder mucho tiempo y energía en lugar de fomentar un sentido de pertenencia y unidad. En el ámbito laboral, esto se traduce en la necesidad de esforzarnos más de lo que realmente deberíamos para ser vistos, tener un espacio de expresión y estar presentes en los lugares de toma de decisiones. Todo esto interfiere en nuestra capacidad para vivir con plenitud y tomar decisiones que realmente nos representen.
Es posible que nos vaya muy bien en el trabajo, que nuestro esfuerzo incluso sea reconocido, pero cuando se nos ofrece una oportunidad de crecer, como una promoción, más responsabilidades o la posibilidad de tomar decisiones, surge una voz interna que nos dice que no somos capaces, que no somos suficientes, que nos falta algo. Este fenómeno se conoce como el síndrome del impostor, y es un claro reflejo de una baja autoestima. Nos cuesta sostener estas situaciones de éxito y crecer dentro de ellas.
Lo mismo puede suceder en las relaciones. Podemos tener una alta autoestima en el ámbito laboral, podemos emprender un proyecto o desempeñar puestos ejecutivos o de dirección, pero al interactuar con los demás, notamos que hemos internalizado una imagen negativa de nuestra persona y que limita nuestra capacidad de relacionarnos.
Es importante reconocer que nuestra autoestima no es uniforme en todas las áreas de nuestra vida. Podemos tener una autoestima alta en ciertos aspectos, como el trabajo o el emprendimiento, pero una autoestima baja en otros, como las relaciones personales.
Teoría de la Autoestima de Nathaniel Branden
La autoestima como requisito fundamental para sentir mayor felicidad.
Nathalien Branden, psicoterapeuta y escritor, propuso que la autoestima es uno de los pilares fundamentales para el bienestar emocional y psicológico. Según Branden, una autoestima saludable no solo nos permite manejar mejor nuestras vidas, sino que también es clave para enfrentarnos a los desafíos del día a día, incluidos aquellos que surgen por las expectativas ajenas, las presiones sociales y nuestras propias dudas internas.
Tú autoestima no depende ni del entorno en el que vives, ni de tu posición social, ni de tus cualidades, ni del aprecio de los demás…la autoestima depende de ti.
Por esto Branden pone énfasis en la importancia de reconocerla y cuidarla para poder vivir de manera auténtica, tomar decisiones conscientes y sostenernos en los momentos difíciles. La autoestima, desde esta perspectiva, no es solo un sentimiento de autovalía, sino una práctica diaria que implica aprender a valorarnos y aceptarnos, independientemente de las circunstancias externas, trabajando sobre los 6 pilares.
Los seis pilares de la Autoestima
- VIVIR DE MANERA CONSCIENTE: aumentar el grado de atención en el presente, en el aquí y ahora. O dicho de otra manera, tener conciencia de lo que estamos haciendo, pensando, lo que estamos diciendo, lo que sentimos, nuestras intenciones…Aceptar nuestros errores, corregirlos y aprender de ellos; conocernos mejor; reconocer nuestras debilidades pero también nuestros valores.
- ACEPTACIÓN: dejarnos ser tal y como somos y permitirnos fluir con la vida, crear un diálogo interno lleno de amor compasivo y amabilidad hacia nuestra persona. Todo esto no se contrapone con el desarrollo personal, no quiere decir que no tengamos defectos o que tengamos comportamientos que mejorar, pero la invitación es la de tener más comprensión de nuestro viaje hecho hasta este momento, de las dificultades que tuvimos que superar y dar valor y reconocimiento a todas las cosas que hicimos bien, sin juicios.
- AUTORESPONSABILIDAD: tomar conciencia de que somos responsables de nuestra felicidad,de cómo reaccionamos ante los eventos que ocurren en nuestra vidas, es decir, de nuestras acciones, decisiones y emociones o de la no acción y la ausencia de decisión.
Si somos responsables nos damos el poder de transformar nuestras vidas, tomando las riendas y concentrarnos en nuestras metas.
- AUTOAFIRMACIÓN: respetar nuestras necesidades, valores y sueños. Podemos tener tendencia a comportarnos para agradar a los demás y evitar su rechazo.
- VIVIR CON PROPÓSITO: nuestra felicidad y decisiones dependen de nosotros mismos. Pondremos todas las acciones imprescindibles para tomar las riendas de nuestro destino y lograr aquello que nos apasiona y nos satisface.
- INTEGRIDAD PERSONAL: comportarnos según lo que queremos, siendo congruentes con nuestras ideas y formas de ver el mundo. Por ejemplo, si nuestro valores no coinciden a los de nuestra empresa; si nuestra empresa tiene prácticas que consideramos no éticas y nos sumamos contradiciendo la nuestra, esto puede tener consecuencias desfavorables para nuestra autoestima.
El desarrollo de la autoestima
Se pueden desarrollar con la práctica, en ti está la responsabilidad de tener una alta autoestima.
Revisa el estado en el que te encuentras y haz un plan práctico,con el tiempo cambiará la forma en la que afrontas la vida y tendrás más preparación para alcanzar tus metas y lograr un estado más alto de felicidad.
Otra opción para trabajar la autoestima sería comenzar un camino de autoconocimiento, de desarrollo personal acompañada/o de un profesional que haya hecho este camino antes que tú, que tengas las herramientas para sostenerte.


